Del colegio al instituto…

Más autonomía, pero no menos acompañamiento…

El paso del colegio al instituto supone un cambio importante para nuestros hijos.

Cambian los profesores, aumenta el número de asignaturas, tienen que moverse por un espacio diferente, organizar sus materiales, recordar tareas, estudiar para varios exámenes y gestionar responsabilidades que antes estaban más supervisadas.

Y también cambia nuestra manera de acompañarlos. Hasta ahora, quizá estábamos acostumbrados a recordarles qué tenían que hacer, revisar sus deberes o preparar con ellos lo necesario para el día siguiente. De repente, esperamos que empiecen a hacerlo solos.

Pero ¿están preparados para ello?

La autonomía no aparece de un día para otro. Se aprende.

Un adolescente que hasta ahora necesitaba ayuda para organizarse no va a convertirse en una persona organizada simplemente porque haya empezado el instituto.

Necesita aprender a utilizar una agenda, calcular cuánto tiempo le llevará una tarea, preparar el material, anticipar los exámenes y decidir por dónde empezar.

Y para aprender todo esto, al principio puede necesitar ayuda.

¿Cómo podemos ayudarlos sin hacer todo por ellos?

Podemos empezar por algo sencillo: en lugar de recordarles constantemente lo que tienen que hacer, sentarnos con ellos y enseñarles a organizarse.

Por ejemplo, podemos revisar juntos la agenda y preguntarle: ¨ ¿Qué tienes pendiente para mañana? ¨, ¨ ¿Qué examen tienes esta semana? ¨o ¨ ¿Cómo podrías organizarte para llegar a todo? ¨

No se trata de darles siempre las respuestas, sino de ayudarles a encontrarlas.

Al principio necesitaremos dedicar más tiempo a esta organización. Después, podremos ir retirando nuestra ayuda poco a poco, dejando que sean ellos quienes preparen su material, distribuyan las tareas y comprueben sin han cumplido con lo previsto.

Si se olvidan de algo, podemos aprovecharlo para pensar juntos qué podrían hacer de otra manera la próxima vez. El objetivo no es evitarles todos los errores, sino ayudarlos a aprender de ellos.

Poner límites también es acompañar

Dar autonomía no significa que puedan decidir cada día si estudian, cuándo hacen los deberes o cuánto tiempo dedican a las pantallas.

Los adolescentes necesitan conocer sus responsabilidades y saber qué esperamos de ellos. Pero también necesitan tener cierto margen para participar en las decisiones que afecta a su día a día.

Por eso, es importante establecer unas normas claras y acordadas en la medida de lo posible.

Por ejemplo, podemos pactar que, antes de jugar o utilizar las pantallas, deben haber terminado las tareas previstas para ese día. También podemos acordar a qué hora se empieza a estudiar y qué tiempo se reserva para descansar.

Lo importante es que las normas no tengan que negociarse de nuevo cada tarde.

Si cada día acabamos repitiendo las mismas indicaciones, discutiendo por los deberes o recordando que tienen que dejar el móvil, quizá necesitemos revisar cómo estamos organizando las responsabilidades.

En lugar de entrar continuamente en la discusión, podemos volver al acuerdo establecido y dejar que nuestro hijo asuma progresivamente las consecuencias de sus decisiones, siempre que sean razonables y adecuadas a su edad.

Acompañar no significa estar detrás de ellos todo el tiempo. Significa ofrecerles una estructura desde la que puedan aprender a desenvolverse.

No todo puede girar alrededor de los estudios

Cuando empiezan el instituto, es fácil que las conversaciones familiares se llenen de preguntas: ¨ ¿Tienes deberes? ¨, ¨ ¿Has estudiado? ¨, ¨ ¿Qué notas has sacado? ¨o ¨ ¿Has preparado la mochila? ¨.

Son cuestiones necesarias, pero nuestros hijos también necesitan que nos interesemos por otras cosas.

Preguntarles cómo les ha ido el día, qué les ha gustado, con quién han estado o qué les preocupa nos permite mantener, abierto un espacio de comunicación que va más allá de sus responsabilidades escolares.

Y no siempre tienen ganas de hablar justo cuando nosotros queremos. A veces, acompañarlos consiste en encontrar otro momento, escuchar sin juzgar y no convertir cada conversación en una oportunidad para corregir algo.

Mantener esa conexión es importante, especialmente en una etapa en la que empiezan a reclamar la independencia.

Aprender a soltar también es parte de nuestro trabajo como padres.

El paso al instituto no solo exige cambios a nuestros hijos. También nos invita a cambiar a nosotros.

Tenemos que aprender a soltar algunas responsabilidades sin desaparecer, a confiar sin dejar de estar disponibles y a poner límites sin entrar continuamente en discusiones.

Habrá días en los que se organicen bien y otros en los que necesiten volver a nuestra ayuda. Eso no significa necesariamente que estén retrocediendo. Aprender a gestionar las propias responsabilidades requiere de práctica, tiempo y oportunidades para hacerlo.

Podemos acompañarlos, enseñarles estrategias y establecer normas claras, sin pretender controlar cada paso.

Porque la autonomía no consiste en dejar de ayudar a nuestros hijos, sino en darles las herramientas y la confianza necesarias para que, poco a poco, puedan hacerlo por sí mismos.