01 Mar ¡Hablemos bonito!
…Un acto cotidiano que educa más de lo que creemos.
¨¡Soy tonto! ¨. ¨ ¡Voy a perder! ¨. ¨A mí nunca me sale bien¨.
Queremos que nuestros hijos sean seguros, resilientes y con buena autoestima, pero rara vez nos detenemos a observar cómo nos hablamos a nosotros mismos cuando algo nos sale mal, cuando nos equivocamos o cuando estamos cansados.
¿De verdad creemos que nuestros hijos aprenderán a tratarse con respeto si nosotros no lo hacemos?
Hablarnos bonito no es decirnos cosas agradables para sentirnos mejor, tampoco es negar el enfado, la tristeza o el cansancio con frases bonitas.
Es tratarnos con respeto incluso cuando nos sentimos torpes o equivocados.
¿Cómo te hablas cuando te equivocas o cuando te frustras?
¨Esto me cuesta y puedo aprender¨.
¨Ahora no puedo con todo, y está bien¨.
¨Me equivoqué y voy a repararlo¨.
La incoherencia aparece cuando les exigimos a los niños:
- Que no se griten…
- Que no se frustren…
- Que se equivoquen con calma…
Mientras nosotros, los adultos nos decimos ¨soy un desastre¨, ¨siempre lo hago mal¨, ¨no sirvo para esto¨.
Pretender que los niños sean amables consigo mismos, tolerantes al error y emocionalmente seguros, cuando no escuchan ni observan eso en los adultos, es una gran contradicción.
Los niños no solo escuchan lo que decimos, también observan cómo reaccionamos cuando fallamos, qué decimos de nosotros mismos y cómo nos tratamos cuando estamos frustrados.
¿Qué nos ayudaría?
- Reconocer lo que sentimos sin juzgarnos.
- Corregirnos sin insultarnos.
- Aceptar nuestros límites.
- Acompañarnos como acompañaríamos a alguien a quien queremos.
Si nos hablamos bien…
- Regulamos mejor el estrés porque nuestro cerebro, al escucharnos, interpreta seguridad no amenaza.
- Aprendemos del error y no nos quedamos atrapados en la culpa.
- Nos convertimos en el mejor modelo para nuestros hijos.
Nuestros hijos nos imitan y observan como reaccionamos cuando fallamos, qué decimos de nosotros mismos en voz alta y cómo nos tratamos cuando estamos frustrados.
¡Cuidemos nuestro lenguaje!
- ¨Esto me cuesta, pero puedo aprender¨.
- ¨Ahora estoy desbordado, voy a bajar el ritmo¨.
- ¨Me equivoqué, voy a reparar. ¨
El lenguaje que usamos modela nuestra autoestima, influye en cómo tomamos decisiones y se convierte en el modelo emocional que ofrecemos a nuestros hijos.
Ya sabes, si queremos que ellos se hablen bonito, primero necesitamos revisar cómo nos hablamos nosotros…porque cuidar nuestro lenguaje también es cuidar a nuestros hijos.