22 Jun ¿Cómo estimular el lenguaje en casa?
¨Quiero ayudar a mi hijo, pero no sé si estoy haciendo suficiente¨. ¨ ¿Tengo que estar trabajando el lenguaje todo el tiempo? ¨
Estas son dos de las preguntas que escucho con mucha frecuencia en consulta.
Muchos padres llegan pensando que necesitan hacer más ejercicios, más actividades o dedicar más tiempo a estimular el lenguaje.
Sin embargo, lo que más ayuda a muchos niños no es hacer más, sino comunicarse mejor.
La calidad de las interacciones suele tener mucho más impacto que la cantidad de ejercicios realizados.
Estimular el lenguaje no requiere convertir cada momento en una sesión de trabajo.
Pequeños cambios en nuestra forma de comunicarnos pueden tener un gran impacto.
Menos preguntas, más comentarios…
A menudo creemos que estimular el lenguaje consiste en hacer preguntas continuamente:
- ¿Qué es esto?
- ¿De qué color es?
- ¿Cómo hace el perro?
- ¿Cuántas ruedas tiene el coche?
Aunque las preguntas tienen su lugar, un exceso puede hacer que nuestros hijos se sientan evaluados.
Una alternativa muy eficaz es comentar lo que está ocurriendo:
¨ ¡Vaya! El coche va rapidísimo. ¨
¨¡Estás construyendo una torre muy alta! ¨
¨Ese perro parece muy contento. ¨
Los comentarios reducen la presión y ofrecen modelos lingüísticos ricos que los niños pueden incorporar de forma natural.
Aprovecha las rutinas diarias…
No es necesario reservar una hora extra para estimular el lenguaje.
Las mejores oportunidades suelen aparecer en actividades cotidianas:
- Durante el desayuno.
- Mientras se viste.
- En el supermercado.
- Durante el baño.
- En el trayecto al colegio.
- Antes de dormir.
Las rutinas aportan contexto, repetición y seguridad, tres ingredientes fundamentales para el aprendizaje.
Sigue su interés…
Cuando un niño está interesado en algo, su cerebro está mucho más preparado para aprender.
Por eso resulta más útil hablar sobre los dinosaurios que le fascinan que insistir en una actividad que no le motiva.
La atención compartida es uno de los motores más importantes del desarrollo lingüístico.
En lugar de dirigir constantemente la interacción, intenta observar qué le llama la atención y acompáñalo desde ahí.
Leer juntos…
La lectura compartida es una herramienta maravillosa, pero no necesita parecer una clase.
No hace falta leer cada palabra del cuento ni comprobar continuamente si el niño ha comprendido todo.
También puedes:
- Mirar las ilustraciones.
- Inventar parte de la historia.
- Hacer comentarios divertidos.
- Relacionar el cuento con experiencias personales.
Lo importante es disfrutar del momento.
Deja espacio para que participe…
A veces, con la mejor intención, hablamos tanto que no dejamos hueco para que el niño intervenga.
Después de hacer un comentario o una pregunta, conviene esperar unos segundos.
Ese pequeño silencio puede darle tiempo para procesar la información, organizar sus ideas y responder.
La comunicación no necesita rapidez, necesita oportunidades.
Corrige menos…
Muchos nos preocupamos cuando escuchamos errores de pronunciación o frases incompletas.
Sin embargo, corregir constantemente puede hacer que algunos niños se centren más en evitar equivocarse que en comunicarse.
En lugar de corregir directamente, en muchas ocasiones es más útil ofrecer un modelo correcto.
Si el niño dice:
¨Mira, un tato. ¨
Podemos responder:
¨Sí, es un gato muy bonito. ¨
De esta forma escucha la producción adecuada sin sentir que ha fallado.
La mejor estimulación es una relación rica en comunicación…
Los niños no necesitan padres convertidos en terapeutas las veinticuatro horas del día. Necesitan adultos presentes, disponibles y capaces de disfrutar de la comunicación cotidiana.
Porque los niños no recuerdan cuántos ejercicios hicieron. Recuerdan las conversaciones, las risas, los cuentos compartidos y la sensación de ser escuchados.
Y es precisamente en esos momentos donde el lenguaje encuentra el mejor terreno para crecer.