¡No se queda quieto!

¨Está nervioso todo el día¨, ¨no para de moverse¨, ¨cambia de juego cada segundo¨, ¨no tiene paciencia¨…

Que los niños sean activos no debe preocuparnos, pero es fundamental que les enseñemos a canalizar las tensiones que les provocan las situaciones de miedo, tristeza, asombro, sorpresa, curiosidad, incluso las situaciones alegres.

Toda la vitalidad que nos transmiten los niños debemos aprovecharla en acciones adecuadas.

¿Cómo podemos ayudarlos?

Como suelo decir siempre, los adultos somos un ejemplo para los niños.

Les transmitimos con nuestros actos y somos un modelo para ellos.

Si estamos a diario tan nerviosos como ellos, no podremos pretender que actúen con tranquilidad.

Debemos realizar con ellos diferentes actividades que nos ayuden a encontrar un equilibrio y así lograr estar más tranquilos.

  • Busca actividades para hacer, que sean tranquilas, agradables, interesantes también para ti.
  • Evita que estén frente a la tele, inténtalo con libros, puzles, juegos de mesa.
  • Realiza estas actividades a diario, alargando poco a poco el tiempo de atención.
  • Es importante que una actividad sea duradera, los ayudará a tener más paciencia.
  • Las actividades al aire libre también serán de gran ayuda. Un deporte, montar en bici, los hará descargar tensiones.
  • Escuchar música relajante en casa mientras recogen los juguetes o mientras ordenan el cuarto generará un ambiente tranquilo que los hará relajar.
  • Sentirán gran satisfacción si los reforzamos cuando consigan conductas tranquilas y querrán continuar por ese camino.

 

El nerviosismo puede reflejarse también en el lenguaje, niños que se traban al hablar o les cuesta arrancar cuando nos quieren contar algo.

Nuestra actitud debe ser relajada, debemos tener paciencia, tomarnos el tiempo para escucharlos, darles tiempo para que concluyan las frases  y especialmente transmitirles tranquilidad, cogiéndoles las manos y mirándolos a la cara.

En muchas ocasiones los adultos no nos damos cuenta que estamos nerviosos, pensando en nuestro trabajo, preocupados por diferentes situaciones y no estamos actuando de una manera relajada.

Es importante que detectemos esos momentos para no enfadarnos con los niños y buscar la manera para que todo fluya con tranquilidad.

¡Observémonos a nosotros mismos!

Solo así podremos detectar si el ambiente es óptimo o no para que las conductas de los niños   sean adecuadas tanto en casa como en el cole.