¿Me escuchas?

¿Oirá bien mi hijo?, le hablo y no me responde, sigue jugando y no  se da  cuenta que lo estoy llamando…

Cuando es un bebé y aún no tiene lenguaje, esperamos esa mirada o el giro de su cabecita hacia nosotros, que nos indica que nos ha oído.

Si nuestro bebé llora y le empezamos a hablar, se irá calmando porque reconoce nuestra voz.

Sonreirá cuando le hablemos y se asustará cuando escuche algún ruido fuerte.

Comenzará a imitar sonidos, incluso comenzará a jugar con sus propias emisiones gracias a una buena audición.

Pero en algunas ocasiones, cuando ya han adquirido el lenguaje, les hablamos, no nos contestan, y eso nos inquieta a los padres.

Cuando los niños han adquirido el lenguaje, nos agobia mucho que no nos respondan  y ¨sigan en su mundo¨.

La audición es lo que nos relaciona con el medio que nos rodea y cumple una función muy importante para la construcción del lenguaje y para un óptimo desarrollo.

Nos ayuda a comprender lo que ocurre a nuestro alrededor y a adquirir de forma natural las herramientas para conseguir una buena comunicación.

El retraso auditivo, es una de las causas de los retrasos en el desarrollo, no solo del lenguaje sino también del desarrollo evolutivo de los niños.

Es fundamental que la detección del problema sea lo más tempranamente posible, para evitar retrasos importantes en diferentes áreas.

La buena audición también es imprescindible en el ciclo escolar de los niños y en edades más avanzadas.

Si en algún momento, los padres sospechamos o dudamos de algún problema auditivo, debemos comentar con los pediatras nuestras sensaciones y pedir ayuda.

Es importante estar atentos a las siguientes señales que nos indican que debemos consultar con el especialista.

  • Tu bebé no se asusta frente a un ruido fuerte.
  • No gira la cabeza cuando escucha una voz conocida.
  • No reconoce las voces de los padres.
  • El balbuceo no se va transformando en palabras.
  • No comienza a decir las primeras palabras más usadas en casa.
  • Sufre otitis recurrentes, y durante ese período lo notas en su ¨propio mundo¨.
  • No parece darse cuenta que se le ha hablado.
  • No oye los sonidos suaves.
  • Nos comenta que no entiende lo que dice la profesora cuando está explicando en la pizarra.
  • No se relaciona con los niños de su clase, generalmente está solo.

 

Es bastante frecuente que los problemas auditivos se confundan y se trabajen como problemas de comportamiento, de atención, de concentración, emocionales por desconocer que la causa es un déficit auditivo.

Si el pediatra nos confirma una hipoacusia, ¿hay solución?

Por supuesto, hoy en día, la tecnología ofrece diferentes posibilidades sumado a la estimulación temprana.

Una vez puestos manos a la obra con la adaptación y la estimulación, se podrá ver un cambio inmediato, tanto en la conducta del niño como en la forma de comunicarse con quienes lo rodean.

Su desarrollo personal y su integración en la sociedad se llevarán  a cabo de forma natural.